Cómo Afrontar La Negativa De Las Chicas Al Contacto Físico

Todavía recuerdo cuando, hace varios años, me hice novio de una chica. En aquel entonces mi experiencia en temas de seducción era escasa, pero ya había aprendido algunas cosas, por ejemplo que las mujeres encuentran más placenteros los besos en el cuello que en la boca, a diferencia de nosotros.

Así que lo puse en práctica, pero mis resultados no eran muy alentadores. Mi estrategia consistía en acariciar su cabello, para finalmente hacerlo a un lado y besar su cuello. Yo notaba en ella un cierto estremecimiento, estaba seguro que le gustaba, pero siempre me detenía con un “Espera”, “No hagas eso”, o alguna frase de corte similar.

Después de eso no me quedaba más remedio que detenerme, abrazarla y simplemente seguir conversando.

Finalmente un día la suerte estuvo de mi lado y tuvimos sexo. Fue algo fantástico aunque bastante tierno porque ella era virgen y yo casi que también -salvo un par de experiencias previas-. Fue entonces que, mientras reponíamos fuerzas, mientras nos acariciábamos y besábamos le pregunté: “¿Dónde te gusta más que yo te bese?”

Ella ni siquiera pensó demasiado antes de responder “Me gusta cuando me besas en el cuello”.

“¿Cómo?”, respondí asombrado, “¡Pero si siempre que te beso en el cuello me pides que me detenga!”

“Por lo mismo”, respondió, “Es que me excita tanto que tenía miedo de que pasara lo que acaba de pasar”.

Ese día comprendí algo muy poderoso que quiero compartir contigo: “Muchas veces, las peticiones de las chicas hacia ti son en realidad un recordatorio que se hacen a sí mismas en voz alta”.

Cuando ella me decía “Espera, detente” no me estaba pidiendo detenerme, se estaba recordando a sí misma que debía detener esto, estaba activando sus defensas.

Ahora bien, lo importante no es su petición, sino cómo respondes a ella. Yo respondía de dos formas, tal y como lo hacen casi todos, y que son totalmente equivocadas:

 

1.- Atender a su petición y detenerme:

Cuando ella me decía “Detente” yo solía hacerle caso y detenerme, lo cual era correcto porque no se vale tratar de obligar a una mujer (ni a nadie) a hacer algo que no quiere. El problema es que, como supe después, ella en realidad sí quería que siguiera, le gustaba que lo hiciera porque la hacía estremecer y mojarse.

El problema de atender de inmediato y al cien su petición es que impone su contexto sobre el tuyo. En otras palabras, ella está mandando y tú obedeciendo, con lo que tu liderazgo queda en entredicho, te conviertes en beta y pierdes mucho atractivo.

 

2.- Tratar de convencerla de seguir:

Algo que también hacía era tratar de convencerla de seguir, para ello utilizaba argumentos lógico como “¡Vamos! Solo quiero besarte, eso no tiene nada de malo. Te amo y no me atrevería a hacerte daño”.

El problema de actuar de esta manera es que utilizar argumentos lógicos para lidiar con sus emociones es un error. La llevas a iniciar una guerra interna entre sus principios morales y sus deseos. Sea como sea, al final terminará negándose porque ella debe ser congruente con su negativa inicial, de lo contrario es como si estuviera traicionándose a sí misma.

 

Ante esta dupla de opciones opuestas y contraproducentes, finalmente encontré una tercera opción: No detenerme y continuar, pero sin pelear con sus emociones, antes bien, aceptándolas y coincidiendo con ellas.

Por ejemplo: Mientras besas a una chica en el cuello y ella dice “Espera, detente” no de detienes, sino que continúas besándola con más entusiasmo y pasión.

Ella cierra sus ojos, suspira y se estremece; pero de pronto sus defensas se activan y ella intenta detenerte una vez más diciendo “No, detente, ¡Esto no está bien!”…

En ese momento tú, con una voz romántica y varonil respondes “Lo sé, cariño, lo sé”, y continúas besándola aún más apasionadamente.

Al expresar frases como “Lo sé”, “Tienes razón”, “Es verdad” u alguna frase que demuestre acuerdo con lo que ella expresa evitas luchar con sus emociones, lo que restablece la tranquilidad en ella y ese sentimiento de estar feliz y segura contigo.